Ni fútbol, ni malversaciones de fondo, ni siquiera las lamentables cifras de paro. La nieve es la noticia de la semana. "La cota de nieve estará a tal altura" o bien "tendremos nieve en muchos sitios donde normalmente no la ven ni en fotos" son dos de los muchísimos avisos con los que nos han bombardeado. ¡Qué bien, qué alegría me da!
Lo siento mucho, pero no me alegra. Me toca las pelotas profundamente. La nieve en una ciudad como Barcelona es una mierda, señores. En cuanto cuaja un palmo de nieve, nos volvemos idiotas, y se paraliza todo. Transporte público y privado, colegios, universidades, comercios... ¡todo! Igualito a como decía la niña repelente del anuncio de Catalana Occidente hace un tiempo.
No sé... ¿Quién se alegra de que tengamos una ola de calor en verano? Pero de las fuertes, de las que no te dejan salir a la calle hasta que el sol prácticamente ha caído y aún así te impide dormir del tirón. Las que hacen que ir por la calle sin "marcar sobaco" a lo Camacho sea imposible para muchos mortales... ¡Pues esto es lo mismo, sólo que con frío!
"Pero es que soporto mejor el frío que el calor, ¡me abrigo y ya está!" Pues sal tú a la calle y que te tengan que amputar la nariz como te entretengas. Que nieve en las montañas, o donde estén preparados, coño. O preparémonos como Dios manda, también me vale. Pero mientras sólo hagamos que volvernos locos con las "desgracias" que pueden pasar (¡gracias telediarios por meterle el miedo a la gente en el cuerpo! ), malo.
Quizás todo son cosas mías, y vale la pena la "emoción" de ver cómo ha cuajado la nieve para luego jugar una horita con ella y sufrir sus consecuencias durante el tiempo que se quiera quedar. Pero a mi no me hagáis salir de casa más que lo justo y necesario, gracias.